Si estás de visita por España, merece la pena que hagas una escapada al archipiélago de Madeira, un grupo de islas atlánticas situada en nuestro cercano y querido Portugal.
El archipiélago consta de dos islas habitadas, Madeira y Porto Santo, y tres islas menores no habitadas, llamadas colectivamente las Islas Desertas. Junto con el archipiélago de las Islas Salvajes forma la Región Autónoma da Madeira, situada aproximadamente a 580 km de la costa africana, 860 km de Lisboa, a menos de 400 km de Tenerife y 770 km de Santa María, la más cercana de las Azores.
Su capital y principal ciudad es Funchal, situada en la costa sur de la isla. Conocidas ya por los romanos, el archipiélago fue redescubierto en 1419 por los navegantes portugueses Tristão Vaz Teixeira y João Gonçalves Zarco, que l0 bautizaron con el nombre de la isla de la madera debido a la abundancia de esta materia prima. Pero hoy en día Madeira es conocida también por su vino y gastronomía, sin duda un motivo más para hacerse una escapada hasta allí.
Hay gran variedad de hoteles en Madeira, por lo que el alojamiento no es algo que en principio deba preocuparte, aunque siempre es recomendable hacer una reserva previa a tu viaje.
Madeira Gastronómica
En pleno Atlántico, los pescados y mariscos del archipiélago son sabrosos y se cocinan según la tradición, como los filetes de emperador negro o los filetes de atún, acompañados de un crujiente maíz frito. O el pulpo y los deliciosos mariscos, como las lapas, los caracoles de mar y otros muchos. De entre las carnes, el plato más tradicional es el famoso pincho de vaca en palo de laurel, que le da un sabor inconfundible.
Lugar de clima excepcional, en Madeira existe una gran variedad de cultivos de frutas tropicales, (desde el apreciado plátano a la piña y el maracuyá), presentes en las bebidas y los delicados postres.
El famoso vino de Madeira,bebido como aperitivo o después de la comida, combina a la perfección con el tradicional pastel de miel (de miel de caña). Y también con la caña de azúcar de la que se hace la célebre Poncha da Madeira (imprescindible probarla cuando subas al Pico do Areeiro.
Especial mención merece el Bolo do caco(pastel de batata), que en realidad no es un pastel sino un pan que recibe este nombre porque es cocido sobre un trozo de teja. También con batata (la patata dulce) se hacen las apetitosas rosquillas de batata.
Situada entre Zaragoza y Huesca, a ambas vertientes de laSierra de Alcubierre, la comarca de los Monegros (Montes Negros), también conocida como el desierto de Los Monegros, posee un ecosistema único en Europa más propio de las estepas orientales.
Su paisaje es desértico en su mayoría, un desierto único en Europa ya que tiene cerros, llanuras y barrancos, pero también está salpicado ríos y por pequeñas balsas de agua salada que se forman a partir del agua de lluvia. No faltan las fragancias de romero y tomillo y los chillones campos de girasoles.
La comarca/desierto de Los Monegros tiene como capital Sariñena, recostada en una importante laguna donde acuden varias especies de aves migratorias. Es un paisaje básicamente horizontal. El clima puede considerarse como continental árido, caracterizándose por temperaturas anuales extremas (de -10ºC a más de 40ºC), con déficit hídrico superior a los 300 mm y vientos dominantes de gran capacidad desecadora.
Este clima semiárido, con escasas precipitaciones y altas temperaturas estivales, son las señas de identidad de un territorio con apariencia variable según la época del año en que lo visitemos; así, mientras en primavera las grandes extensiones cultivadas ofrecen a nuestra vista el aspecto de una interminable pradera salpicada de amapolas, es en verano cuando un paisaje dominado por todas las gamas del ocre al blanco, con una vegetación de tonos oscuros, puede presentar en muchos de sus rincones el aspecto de un verdadero desierto. Su paisaje rezuma soledad e infinitud.
Abril y Mayo son los mejores meses para dormir al raso en el desierto de Los Monegros, con las estrellas como techo y la agradable compañía del silencio, sensaciones inolvidables para el viajero.
Confundida a menudo con la canaria isla de Fuerteventura, la pequeña Formentera es una de las Islas Baleares que junto a Ibiza y algunos islotes forman las llamadas ‘pitiusas’, las islas más pequeñas del archipiélago que un día fuera el Reino de Mallorca. Aunque haya quien sólo recuerde de ellas las noches ibicencas y, en algunos casos, el faro de la película Lucía y el sexo.
A Formentera sólo puede accederse en barco (o en helicóptero en caso de poder permitírselo), y ese es otro de sus encantos, no apto para quienes sean propensos a sufrir el llamado ‘mal de la isla’. La cercana Ibiza tiene conexiones diarias con Formentera a través de varias compañías, aunque las que viajan con más frecuencia son Balèaria y Mediterránea Pitiusa, que lo hacen en época estival cada media hora.
Es en Ibiza, la capital de las pequeñas islas e icono de un estilo de vida que tuvo su apogeo en los 60 y los 70, donde aterrizamos. Estaremos poco tiempo aquí, ya que en el puerto nos espera el ferry, que en algo menos de una hora nos dejará en la pequeña isla.
Formentera impresiona por su claridad y sencillez. Aunque la civilización y las comodidades han llegado al islote al igual que a cualquier punto de la geografía española, la sensación innegable de que el tiempo se ha detenido inunda al visitante que se acerca hasta allí, casi siempre invitando por alguien que ya conoce este rincón de las Baleares. Quien va siempre regresa en busca de esa calma que lo inunda todo. Incluso hay quien huyendo del bullicio de las grandes ciudades, decide establecer su residencia allí.
La isla, de tan sólo 82 kilómetros cuadrados, está compuesta por cinco núcleos urbanos -entre los que suman una población residente de poco más 8.000 habitantes- de los que la localidad de Sant Francesc es la de mayor tamaño. Allí es donde se encuentran la mayoría de los pequeños comercios que pueblan la isla, algunos, los menos, destinados al turismo. Y es que, aunque la Formentera debe sus ingresos al turismo, no está construida por y para él. No en vano, apenas hay hoteles. Quienes deciden pasar sus vacaciones allí podrán optar por alquilar un apartamento o una casita, que escasean y multiplican su precio en los meses de verano.
Llegamos a La Savina, un pueblo costero que conserva la magia de los tiempos en los que sólo los pequeños pesqueros atracaban en su orilla. Hoy, convertido en el puerto, también alberga los grandes barcos procedentes de la isla vecina o de paso en algún crucero por el mar Mediterráneo.
Recorremos la isla en bicicleta, algo que no resulta demasiado dificultoso, puesto que es casi plana -en su punto más alto alcanza los 192 metros- y las carreteras, aunque pequeñas, conectan todos los puntos de la isla. Vamos hacia el norte y allí vemos el Estany Pudent, una laguna que antiguamente servía como estanque para la extracción de sal y que acompaña al sepulcro megalítico de Ca Na Costa, datado entre 1.900-1600 años antes de Cristo, una cámara mortuoria formada por dos círculos concéntricos.
Las pequeñas playas, como Illetes o Cala Saona, nos esperan para sumergirnos en las cálidas aguas del Mare Nostrum, más transparentes aquí que en ningún otro punto. Si nos metemos en el agua y permanecemos quietos unos segundos vemos con claridad los pequeños peces que nadan a nuestro alrededor, ajenos a la vida en la superficie que tanto ha cambiado desde que los sarracenos habitaran estas tierras.
Sería Jaime I de Aragón quien expulsara a través de las tropas comandadas por Guillermo de Montgrí a los antiguos habitantes, aunque durante un tiempo los intentos de crear una comunidad residente no obtuvieron frutos por las frecuentes ‘visitas’ de piratas y moriscos. La isla tendría que esperar hasta el siglo XIV para que los ibicencos la habitasen.
Es precisamente a Ibiza a quien debe este pequeño trozo de tierra su estética hippie, que ha perdurado desde la década de los 60 y el ambiente de sus playas en los atardeceres estivales. Un buen ejemplo de esto son los mercadillos o las escapadas al peñasco de S’Espalmador, que puede cubrirse en barco o, los más deportistas, a nado.
Aún nos queda por visitar el sureste de la isla. Allí se encuentra La Mola, el punto más alto de Formentera, coronado por un faro que alerta de la presencia de la ínsula a los múltiples barcos que surcan las aguas mediterráneas. A su lado, el cinematográfico vano excavado en el suelo de roca por el que Paz Vega sufre una estrepitosa caída en la película que tiene como escenario la bella isla balear.
Nosotros no caemos, descendemos suavemente por una escalera colocada para tal punto por algún lugareño para ver uno de los atardeceres más impactantes que quien va a la isla puede observar. El sol sobre el mar tantas veces observado dotándolo de un tono cobrizo mientras la roca nos rodea dejando una ventana al mar. Es una cueva en pleno acantilado a cerca de 100 metros sobre el mar.
Durante el fin de semana más cercano al 28 de marzo, Vigo celebra la Fiesta de la Reconquista para conmemorar la batalla que dio lugar a la expulsión de las tropas napoleónicas de la ciudad, el 28 de marzo de 1809. Diversas plazas y calles de la ciudad sirven de escenario para la representación de la batalla, el acto más destacado de las fiestas, que culmina con el asalto al Castillo a través de la puerta de Gamboa.
Pero la Fiesta no finaliza aquí ya que, en estas singulares fiestas no faltan propuestas tan atractivas como talleres, danzas de época y un mercado artesano, con puestos distribuidos por las calles del casco antiguo que te transportarán a principios del siglo XIX.
Sin duda, la Fiesta de la Reconquista es un buen momento para hacer una escapada a Vigo, una ciudad que que cuenta con innumerables atractivos. Entre ellos, una exquisita gastronomía que podrás degustar en cualquiera de los restaurantes del barrio de pescadores del Berbés. Imperdonable sería no subir hasta la Piedra y hacerse con unas ostras fresquísimas acompañadas, como no, de un buen albariño.
Para completar tu visita, no dejes de acercarte a la Colegiata y Concatedral de Santa María de Vigo, que acoge la imagen del Cristo de la Victoria, patrono de la ciudad. Visitas obligadas son también el barrio marinero de Bouzas y playas como la de Símil, la más concurrida y conocida de la ciudad.
Un poco de historia
El 21 de enero de 1809 toman la ciudad de Vigo las tropas napoleónicas. Con la ayuda del ejército inglés, la resistencia popular dirigida por el coronel Pablo Morillo y el comandante Bernardo González del Valle, más conocido como Cachamuiña, culmina con un asalto a las murallas y la expulsión de las tropas napoleónicas.
¿Cómo es posible que, después de dos mil años, el Acueducto de Segovia siga funcionando casi como el primer día?¿Cómo diablos pudieron hacerlo los romanos?
Ha resistido a tormentas, terremotos y ventiscas. Todas estas hazañas elevan a este monumento en algo más que un simple acueducto a una obra maestra de la ingeniería, Patrimonio de la Humanidad. Lo más curioso del caso es que sus más de 20.400 bloques de piedra no están unidos con hormigón normal y corriente. No, no… Simplemente se mantienen gracias a un equilibrio de fuerzas que lo hacen vulnerable a la acción deliberada del hombre.
Se puede decir que el Acueducto de Segovia nace cerca de la carretera que nos lleva hasta el espléndido Palacio de la Granja de San Ildefonso. Allí capturaba las aguas cristalinas del río Frío, en un lugar llamado la Acebeda. Sus primeros arcos son simples, y llevaban el agua de la ciudad a través de 18 kilómetros, a un lugar conocido como el Caserón. Allí, en una cisterna, el agua se depuraba, para continuar su viaje.
Un consejo: si vienes a España a hacer turismo, no dejes de visitarlo, te sorprenderá aún más al tenerlo ante tus ojos.
Ibiza cautiva al viajer@ por su belleza. La isla nos ofrece mágicos rincones desde todos los puntos de vista: increíbles paisajes marinos, monumentos históricos, playas paradisíacas, diversión sin fin…
En este vídeo de Ibiza en imágenes descubrirás gran parte de la bella isla de Ibiza, y la razón por la que miles de turistas la visitan cada año, y repiten al año siguiente. ¡Disfrútalo!
Cuenca sorprende por su singular enclave en un entorno natural de espectacular belleza. La imagen de Cuenca está ligada a los ríos Huécar y Júcar, entre las que se ubica sobre las rocas.
Para empezar a visitar Cuenca, el punto de referencia será la Plaza Mayor, donde se podrá visitar la Catedral de Nuestra Señora de Gracia, que tiene sus orígenes en el siglo XII, el Palacio Episcopal y el Ayuntamiento, que cierra la plaza manteniendo el acceso gracias a unos magníficos arcos.
El edificio más conocido de Cuenca son las Casas Colgantes, donde actualmente se aloja el Museo de Arte Abstracto Españolen dos de ellas. Desde las Casas Colgantes se puede acceder al Convento de San Pablo por el puente de hierro y madera del mismo nombre. El Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca exhibe una exposición permanente de 127 pinturas y esculturas de artistas españoles de la generación abstracta de los años 50 y 60 además de otros autores de los 80 y 90.
Entre las iglesias de Cuenca destacamos la de San Pedro, construida sobre una antigua mezquita y con una planta octogonal así como la Torre de Mangana. No podemos olvidar tanto las antiguas casonas de las Calles de San Pedro como las viviendas de la calle Alfonso VIII, que parecen auténticos rascacielos desde la Hoz de Huécar.
Sobre la hoz del Huécar, en los miradores del barrio del Castillo, podéis ver una vista panorámica de Cuenca. Podéis observar a la izquierda el Convento de San Pablo, que actualmente es un parador nacional, y la Catedral de Cuenca en el centro de la imagen. Hacia la derecha se puede observar la iglesia de San Pedro, el Archivo histórico provincial que sirvió de prisión durante la Inquisición y la Guerra Civil, y más a la derecha restos del castillo árabe con orígenes en el siglo X.