Sa Dragonera está situada a en el extremo occidental de la isla de Mallorca y es refugio de centenares de animales y de un espléndido jardín de miles de plantas… Una herencia para todos los mallorquines y mallorquinas y una buena carta de presentación para los turistas de todo el mundo.
Sa Dragonera sufrió intentos de urbanización durante los años 70 y 80 hasta que en 1988 el Consell de Mallorca compró la isla a la entidad bancaria que era su propietaria. En 1995 fue declarada Parque Natural junto con los islotes Pantaleu y Sa Mitjana, en aplicación de la Ley 4/89 de Espacios naturales, para asegurar definitivamente la protección medioambiental de la isla.
Vídeo youtube Sa Dragonera
La isla de Sa Dragonera tiene 4 km de largo, un ancho máximo de 1 km, una superficie de menos de 300 ha, y geológicamente se considera como una continuación del extremo oeste de la Sierra de Tramontana. Se encuentra a unos 700 metros de la isla de Mallorca, separada de ésta por el canal de Es Freu, utilizado antiguamente para la navegación comercial hasta que a principios del siglo XX, para evitar accidentes, los barcos empezaron a dar la vuelta por el cabo de Llebeig. Por su situación estratégica, Sa Dragonera ha sido utilizada a lo largo de la historia por corsarios, piratas, contrabandistas… generándose multitud de leyendas en torno a la isla.
La visita a Sa Dragonera puede realizarse con embarcaciones turísticas que salen del Port d’Andratx y de Sant Elm (San Telmo). Para visitar la isla con embarcación propia es necesario solicitar un permiso al Consell de Mallorca, entidad que gestiona el parque natural, junto con la Comunidad Autónoma de las Illes Balears.
Cerca del puerto natural de Cala Lladó, punto de llegada a la isla, se encuentra una casa restaurada con un pequeño museo del parque, el centro de visitantes y la vivienda de los guardas. Desde este punto se pueden realizar excursiones a pie hasta el Puig de na Pòpia, punto más alto de la isla; el faro de Tramuntana, extremo NE de la isla; y el faro de Llebeig, extremo SW de la isla. Otros puntos de interés son la Cova des Moro y la Torre de Llebeig.
La flora y la fauna de Sa Dragonera son similares a las de Mallorca, aunque en la isla se pueden encontrar algunas especies endémicas muy interesantes, como lalagartijadenominada científicamente “Podarcis lifordi ssp. giglioli”.
Sa Dragonera conserva todo su encanto natural y no dispone de ningún establecimiento turístico en el que alojarse ni de ningún restaurante. Para compensarlo, Sant Elm y el Port d’Andratx disponen de una amplia oferta de alojamiento y sus numerosos restaurantes sirven platos exquisitos para satisfacer los paladares más exigentes.
Hace tiempo que ya no se escuchan entre las seculares piedras de la mayoría de los grandes monasterios gallegos los cánticos y las oraciones de maitines de los monjes. Sin embargo, muchos de esos cenobios, olvidados y abandonos a su suerte durante años, han cobrado nueva vida como alojamientos de lujo en el competitivo sector turístico del mapa galaico.
Monasterios como el de Santo Estevo, en Nogueira de Ramuín, San Vicente del Pino, en Monforte de Lemos;San Clodio, en Leiro; Aciveiro, en Forcarei, o el convento de San Francisco, en Santiago de Compostela, son algunos de los ejemplos en los que los monjes de antaño han dejado su puesto a los turistas que buscan un pequeño retiro, para cuerpo y alma, en estas mágicas arquitecturas conventuales, transformadas en lujosos hoteles, en los que se respira la misma paz y tranquilidad que hace siglos presidía la vida, marcada por la máxima del ora et labora, de los monjes que les dieron vida.
El Monasterio de San Vicente del Pino, abierto en 2003 en la capital de la Terra de Lemos, y el Monasterio de Santo Estevo, inaugurado un año después, en Nogueira de Ramuín, cuna de paragüeros y afiladores, son las dos joyas de la Ribeira Sacra, un destino emergente que gracias a estos dos cenobios reconvertidos en paradores nacionales de turismo se situó con nombre propio en los mapas del turismo a escala nacional e internacional.
Lejos de la austeridad que regía la vida de los monjes, estos dos establecimientos de la red de paradores, de cuatro estrellas y con la Q distintiva de calidad, hoy ofrecen una parada y fonda de lujo, asequible a casi todos los bolsillos, aderezada con naturaleza, paisaje, patrimonio, gastronomía, vino y el creciente atractivo de la vida rural.
La arquitectura monacal de los monasterios-hotel tienen una especie de magia que atrae. Las visitas a las bodegas de Ribeira Sacra, donde el viajero/turista puede catar los vinos de la denominación, es algo que “engancha” a quienes se hospedan en San Vicente del Pino, al igual que los impresionantes paisajes del Cañón del Sil, con sus viñedos en bancales.
En Santo Estevo, el otro gran centro monacal hotelero de la Ribeira Sacra, la oferta base es similar a la de Lemos, con el añadido de un moderno spa inaugurado en 2008, en el que los cuerpos cansados y estresados de los urbanitas se pueden envolver en lodos y aceites esenciales que purifican la epidermis y también el espíritu.
Eso sí, la monumentalidad de Santo Estevo, con 77 habitaciones repartidas en torno a sus tres claustros, achica la arquitectura de San Vicente del Pino, organizada alrededor de un claustro, cuyo patio corona un singular aljibe que recogía el agua de lluvia de la que se abastecían los monjes benedictinos.
La celda del abad de Santo Estevo, transforma ahora en suite, ya fue lecho de descanso del príncipe Felipe o del presidente Zapatero, entre otros personajes.
La cuidada cocina en ambos establecimientos con platos típicos de la cocina gallegahace honor a la máxima de “primum vivere deinde phiolosophari”, es decir primero llenar el estómago y luego filosofar.
A ese tren de recuperación del patrimonio monástico gallego para convertirlo en hoteles con atractivo se han subido también el Monasterio de San Clodio, en Leiro; Aciveiro, emplazado en el entorno de la sierra de Candán, en tierras pontevedresas de Forcarei, o el mismo convento de San Francisco, en pleno casco urbano de la capital compostelana.
Son los nuevos templos para el descanso de turistas y viajeros.
Las Islas Cíes son un verdadero paraíso natural situado en la ría de Vigo, la más profunda y meridional de la Rías Baixas, en la provincia de Pontevedra, Galicia, al Noroeste de nuestro país. Desde julio de 2002 forman parte, junto a los archipiélagos de Ons, Sálvora y Cortegada del Parque Nacional de las Islas Atlánticas que se extienden a lo largo de las Rías Baixas, lo que les ha supuesto una sobreprotección de su riqueza ambiental perfecta para su conservación.
Historia de las Islas Cíes
Hace siglos, Ptolomeo las llamaba las Islas de los Dioses y Plinio las Siccas. Es muy posible que fueran las legendarias Casitérides de Herodoto, donde antiguos pueblos como los fenicios o los cartigeneses se nutrían allí de estaño. Incluso antes que estos, primitivas civilizaciones lograron sacar partido de este paraíso, asentándose en ellas, como así lo demuestran los restos de un poblamiento y de las llamadas “concheiras” (acumalaciones de bibalvos depositados por estos pueblos para alimentarse). Se tienen constancia de asentamientos de hace más de 3500 años. Existen los restos de un castro de la Edad de Hierro y es seguro que los romanos también conocieron las islas. Más tarde en la Edad Media, las islas fueron habitadas por monjes de diversas órdenes, como fueron los benedictinos en los siglos XI y XIII o los franciscanos en el siglo XIV. Otra orden que también dejó su huella fue la deCluny. Prueba de todo esto son los restos de los monasterios de San Estevo en la Isla do Faro y el de San Martiño, en la isla homónima.
Debido a que el archipiélago fue siempre refugio, guarida y objetivo de piratas y corsarios, propició que los asentamientos fueran muy intermitentes. A partir del siglo XIX, en el que se construye el primer faro en la Isla do Medio, las islas vuelven a estar habitadas otra vez por pescadores y ganaderos. A mediados de los 60 vuelve a quedar despoblada, hasta que una década después es convertida en paraíso para aquellos que buscaban naturaleza y paz, lo que llevó, contradictoriamente, a una degradacíon fatal para el archipiélago, debido también a la contaminación que emanaba la Ría de Vigo. Esto llevó a que en los años ochenta fuera declarado Parque Natural, con lo que se empezó a procurar preservar este vergel atlántico.
El Archipiélago de las Islas Cíes está constituido por tres islas principales: Isla de Monteagudo o Norte, Montefaro y San Martiño o Sur, y pequeños islotes tales como A Agoeira o Boeiro, Penela dos Viños, Carabelos y O Ruzo. Su altura máxima es de 197 m en el Alto das Cíes y su extensión es de 2.658 hectáreas marinas y 434 hectáreas terrestres, una barrera natural que convierten al puerto de Vigo en uno de los más seguros del mundo. Las islas nos ofrecen dos caras totalmente diferenciadas. En el oeste predominan los acantilados rocosos, con algunos de más de cien metros, y hacia el este presenta su cara más suave con arbustos, arboledas y algunos arenales.
Rodas, la mejor playa del mundo
En 2007 el prestigioso diario británico The Guardian eligió a la playa de Rodas, en las Islas Cíes, como “la mejor playa del mundo”. Un título que no sorprendió a los afortunados que ya disfrutaban de este lugar. Sus cristalinas y plácidas aguas se han convertido en un remanso de paz que está siendo particularmente conservado para que pueda formar parte de una herencia de excepción para las generaciones venideras.
El único medio de transporte que lleva a los visitantes a las Cíes es un catamarán que sale desde los puertos de Vigo, Baiona y Cangas. Una vez allí lo único que está permitido es caminar por lo que el deporte más practicado en este archipiélago es el senderismo, ya que existen numerosos recorridos que hacer. Una de los más conocidos es la subida al Monte Faro desde el que es posible divisar unas hermosas vistas, y la visita a los restos del Monasterio de San Estevo, actualmente convertido en la sede del Centro de Interpretación. Tampoco hay que olvidarse de la natación y el buceo, perfecto por la limpieza de sus aguas y la riqueza de su fondo marino.
No lo puedo evitar. Cada vez que se aproximan unas vacaciones, comienzo a darle vueltas a la idea de cómo hacer realidad el viaje de mis sueños.
Y es que me gusta tanto soñar como viajar.
Mi mejor sueño fue uno en el que volaba a ras del mar, muy cerquita de una costa de playas infinitas y arena dorada, cogida de la mano de un par de buenos amigos míos. Al parecer, soñar que eres capaz de volar es una buena señal, pero esa es otra historia.
Lo dicho, me gusta soñar. Soñar, por ejemplo, que viajo por España, como el título de este blog.
En el caso de España da igual el lugar, la piel de toro te sorprenderá siempre vayas donde vayas. Podrás disfrutar de bellísimos parajesde mar y montaña, conocer algunas de las ciudades más modernasy cosmopolitas del mundo y relajarte en pueblos en dondeparece que el tiempo se hubiera detenido.Y si además te gusta la historia, no te quepa la menor duda: un viaje por España es lo más parecido a un privilegiado recorrido turístico por la historia de la humanidad.
En viajaporespana.com intento descubrirte estos lugares, algunos soñados y otros visitados y ofrecerte información y algunos consejosque te resultarán muy útiles para cuando te animes a convertir tu sueño de viajar por España en una realidad.
Visita el blog siempre que quieras. Será un placer leer tus comentarios y ayudarte en lo que necesites.
La fiesta de los toros es una de las tradiciones españolas más conocidas en todo el mundo y al mismo tiempo la más polémica.
Pero la fiesta española por excelencia no existiría si no existiera el toro bravo. El origen de esta raza de toros la encontramos en el primitivo urus o bos que aunque no habitó exclusivamente en España, fue en ella donde encontró su asentamiento preferido, conservándose hasta nuestros días.
Ya en la Biblia encontramos referencias al sacrificio de toros bravos en holocausto de la divina justicia, considerándose al toro como símbolo de fortaleza, fiereza y acometividad. Y de este modo encontramos igualmente referencias a los holocaustos religiosos que celebraban los íberos, en los que sacrificaban a los toros bravos desafiándoles en espectáculos públicos. Otro importante precedente histórico son los ejercicios de la caza del uro en la que se dieron los primeros enfrentamientos, en ellos, más importante que la propia fuerza física, eran la habilidad y destreza. Es quizás en estas antiguas tradiciones donde se encuentra el origen de las corridas de toros.
Aunque frecuentemente se ha mantenido que el origen de la Plaza, Redondel o Coso se encuentra en el circo romano, parece aún más cierto que se remonta a épocas mucho más antiguas, ya que los templos celtibéricos, donde se celebraban sacrificios de reses bravas en honor de sus dioses, tenían esta forma. Podemos aún visitar los restos de un templo de estas características en la provincia de Soria, cerca de Numancia, donde existen evidencias de la celebración de estos ritos.
No es sin embargo menos cierto que la influencia grecorromana, con su afición por el circo, acentuó el carácter de espectáculo e hizo desaparecer el papel que ocupaba como rito y holocausto religioso. Siendo por ello esta ficción circense otro precedente de nuestras corridas de toros.
La única excepción histórica a la celebración de las corridas de toros en España y en su afición a la misma la encontramos en la España musulmana, donde se prohibieron tales celebraciones por considerarse abominables. Sin embargo la España medieval mantiene el espectáculo, si bien de otro modo, como un deporte de la nobleza. El señor feudal, a lomos de un caballo y armado con una larga caña, a modo de lanza, mantenía una lucha contra el toro bravo, demostrando en ella su habilidad y dotes de buen caballista. A esta denominada “suerte de cañas” se considera el precedente más directo de lo que es hoy el rejoneo.
Las corridas de toros como hoy las conocemos nacen en el siglo XVIII, cuando la nobleza abandona el toreo a caballo y la plebe comienza a hacerlo a pie, demostrando su valor y destreza. Así se lee en crónicas de la época cómo un deporte elitista se convierte en plebeyo. Al principio no existían tercios, orden ni reglas en las cuadrillas. Es Francisco Romero el primer diestro que pone orden a la fiesta y el creador de la muleta tal y como hoy la conocemos.
España cuenta con un gran número de aficionados a las corridas de toros. Estos consideran la corrida como un bello espectáculo, un arte y una manifestación de cultura ancestral que ha sobrevivido hasta nuestros días, al igual que el toro bravo. Y muy al contrario de lo que muchos piensan, no encuentran el placer en la tortura o en la pura muerte del toro, sino que lo que realmente aprecian es el valor y destreza del torero.
¿Cómo es posible que, después de dos mil años, el Acueducto de Segovia siga funcionando casi como el primer día?¿Cómo diablos pudieron hacerlo los romanos?
Ha resistido a tormentas, terremotos y ventiscas. Todas estas hazañas elevan a este monumento en algo más que un simple acueducto a una obra maestra de la ingeniería, Patrimonio de la Humanidad. Lo más curioso del caso es que sus más de 20.400 bloques de piedra no están unidos con hormigón normal y corriente. No, no… Simplemente se mantienen gracias a un equilibrio de fuerzas que lo hacen vulnerable a la acción deliberada del hombre.
Se puede decir que el Acueducto de Segovia nace cerca de la carretera que nos lleva hasta el espléndido Palacio de la Granja de San Ildefonso. Allí capturaba las aguas cristalinas del río Frío, en un lugar llamado la Acebeda. Sus primeros arcos son simples, y llevaban el agua de la ciudad a través de 18 kilómetros, a un lugar conocido como el Caserón. Allí, en una cisterna, el agua se depuraba, para continuar su viaje.
Un consejo: si vienes a España a hacer turismo, no dejes de visitarlo, te sorprenderá aún más al tenerlo ante tus ojos.
En España hay obras arquitectónicas universales que cada año atraen a millones de turistas de todo el mundo. Pero hoy estoy romántica, y un pelo realista, y he de reconocer que desgraciadamente no contamos con la obra cumbre de la arquitectura mogol, el Taj Mahal, considerado como uno de los más bellos edificios del mundo.
El Taj Mahal fue levantado en Agra, al norte de la India,por iniciativa del emperador Shah Jehan, en memoria de su esposa Muntaz Mahal. Pero la verdadera historia del Taj Majal es una hermosa leyenda basada en un gran amor. ¿Quieres conocerla?
LA LEYENDA DEL TAJ MAHAL
Corría el año 1607 cuando el príncipe Shah Jahan, heredero del Gran Imperio Mongol, de 20 años de edad, conoció a Mumtaz Mahal, de quien se enamoró perdidamente. La Ciudad de Agra, en India, celebró la coronación de esta princesa persa-musulmana de 19 años que se transformó en la segunda esposa y la Favorita de su emperador.
Y vivieron un gran amor… Pero Mumtaz murió mientras acompañaba a su marido en Berhanpur en una campaña que el Emperador realizó para sofocar una rebelión y luego de dar a luz a su décimocuarto hijo. Pero antes de morir le pidió a su esposo que cumpliera estas cuatro promesas:
1.- Que construyera su tumba
2.- Que se casara otra vez
3.- Que fuera bueno con sus hijos
4.- Que visitara su tumba cada año en el aniversario de su muerte
Shah Jahancomenzó la construcción del Rauza (tumba), y emplazó la construcción en los bancos del río Yamuna en 1631. Veinte mil personas trabajaron en la obra durante 22 años (hasta 1653) dando forma en mármol blanco a una arquitectura que fusiona la tradición hindú con la persa-musulmana. Los materiales fueron transportados desde Makrana a 300 kilómetros de distancia mediante 1000 elefantes.
Las piedras preciosas fueron traídas desde Bagdag, China, Afganistán, Tibet, Egipto, Persia, Yemen, Rusia y Ceylán para adornar el interior y el exterior de esta tumba. Sin embargo, este esfuerzo monstruoso tuvo un alto costo para Shah Jahan que vivía enloquecido por su homenaje de amor. La ruina económica provocada por la elocuente obra originó la pérdida de su trono. Uno de sus hijos, Aurangzeb, derrocó a Shah Jahan y encerró a su padre en el Fuerte del Agra.
Allí pasó Shah Jahan el resto de su vida, contemplando desde las rejas la maravillosa obra a la cual dedicó su vida y su imperio y que es aún hoy el monumento más impactante de la India. Este descomunal mausoleo, construido como tributo a la memoria de la amada esposa del emperador, es en realidad el regalo de Shah Jahan a toda la raza humana.
Las historias de la Corte señalan que el nombre de “Taj Mahal”, traducido generalmente como “Palacio de la Corona” o “Corona del Palacio” no es más que la versión abreviada del nombre de la emperatriz Mumtaz Mahal. Hoy constituye una de las “Siete Maravillas del mundo”, pero por siempre seguirá simbolizando el más grande monumento al amor.
Ubicada en pleno centro de la capital de España, la Plaza Mayor de Madrid es sin duda la más bella plaza de Madrid,y un lugar muy concurrido por los turistas por sus variada oferta hostelera y multitud de comercios instalados junto a sus soportales.
El origen de esta plaza se remonta al siglo XV. En ese momento se ubicaba en el lugar el mercado principal de la villa, entonces se construyó una primera casa porticada, o lonja, de manera que se pudiera controlar el comercio en la plaza.
En el año 1580 Felipe II encargó el proyecto de remodelación de la plazaa Juan de Herrera, empezando así la demolición de las “casas de manzanas“. El primer edificio para la nueva plaza fue la Casa de la Panadería.
Esta plaza ha tenido tres grandes incendios a lo largo del tiempo, el primero en el año 1631, donde fue reconstruida por Juan Gómez de Mora (uno de los realizadores originales); el segundo ocurrió en 1670, y fue reconstruida por el arquitecto Tomás Román y, finalmente, el tercer siniestro fue en 1790, el cual destruyó un tercio de la plaza, siendo reconstruida por Juan de Villanueva.
Las obras se desarrollaron hasta 1854, continuando pese al fallecimiento de Villanueva.
En el año 1848 se instaló la estatua ecuestre de Felipe III al centro de la plaza, relizada por Juan de Bolonia y Pietro Tacca en 1616.
La Casa de la Panadería fue restaurada en 1880 y estuvo a cargo de Joaquín María de la Vega. En 1921 fue reformado el caserío. Y en 1935 se encargó otra reforma a Fernando García de Mercadal.
En los años 60 se cerró el paso al tráfico rodado, habilitando un aparcamiento subterráneo bajo la plaza. La restauración más reciente se hizo en 1992, y consistió en la decoración mural, y estuvo a cargo de Carlos Franco.
La Plaza Mayor de Madrid ha sido, además, escenario de importantes actos públicos, tales como corridas de toros, ejecuciones públicas, actos de fe, y la beatificación de San Isidro, el santo patrón de Madrid.