El Toro que revolucionó España
Viajar por carretera por España no sería lo mismo sin las 90 posibilidades que el viajer@ tiene de vislumbrar la imponente silueta del toro de Osborne: 90 toros fabricados en chapa metálica, de 4.082 kilos de peso cada uno y unos 14 metros, la altura aproximada de un edificio de cuatro pisos. ¡Como para no verlos!
La historia de cómo la silueta del toro de Osborne ha llegado a convertirse en un símbolo nacional -íntimamente ligada a la España cañí (típica y folclórica)- es muy curiosa, llegando incluso a convertirse en ‘motivo de alzamiento’ para gran parte de los españoles.
A continuación, la historia del toro que revolucionó España:
Orígenes
En 1956, Manolo Prieto, artista colaborador de la agencia Azor, recibió el encargo de dibujar un logotipo para el Brandy Veterano de Osborne, una empresa familiar del Puerto de Santa María (Cádiz) que producía licores desde 1772 y buscaba un símbolo publicitario para una campaña exterior y la etiqueta de la botella del Brandy Veterano. Prieto dibujó un simple trazo en negro que representaba la silueta de un toro bravo y que, sin siquiera imaginarlo, pasaría a convertirse en el emblema de Osborne.
Meses después, en noviembre de 1957, los primeros toros colonizaban el paisaje de la red de carreteras de España y poco a poco se hicieron hueco en los lugares más destacados de la geografía española, convirtiéndose en símbolo cultural y fuente de inspiración para artistas de disciplinas que sobrepasan lo publicitario, como Dalí, Almodóvar o Bigas Luna.
Las amenazas al toro
Los primeros toros eran de madera, medían cuatro metros y llevaban la marca ‘Veterano’ pintada en blanco. En 1961 su naturaleza mutó. Sus constructores -la familia Tejada- optaron por la chapa metálica para evitar el deterioro e hicieron que crecieran hasta los siete metros. La publicidad funcionaba y justo entonces ocurrió algo que la convertiría en leyenda del sector: empezaron a llegar las “amenazas” en forma de normativa.
La primera se aprobó en 1962. Una nueva ley sobre publicidad en carreteras fijó que todo anuncio estuviese a 125 metros de distancia de las vías. El Toro se alejaba de la vista de los conductores y Osborne reaccionó duplicando el tamaño de sus logotipos.
En 1988, una nueva ley prohibió cualquier tipo de anuncio en las autopistas públicas españolas. Fue entonces cuando desapareció la marca de la empresa de las vallas, aunque éstas se mantuvieron, envueltas en la polémica. Entre 1990 y 1994 asociaciones y particulares incluso celebraron recogidas de firmas para convertir al toro en “símbolo cultural y artístico” de los españoles y salvarlo de la persecución a la publicidad exterior.

En 1994, el Reglamento General de Carreteras del MOPTMA (Ministerio de Obras Públicas, Transporte y Medio Ambiente) puso otra vez en suspenso la vida del toro de Osborne ordenando retirar todas las vallas. Y, de nuevo, parte de España salió en su defensa. Numerosos municipios ofrecieron su propio terreno para levantar estos anuncios y varias Comunidades se pronunciaron a favor de que se mantuviesen en sus carreteras. Las que más lejos llegaron fueron la Junta de Andalucía, que pidió su catalogación como “bien cultural”, y la Comunidad Foral de Navarra, que se amparó en una Ley Foral para mantener el toro de su territorio.
Entonces, este icono publicitario dio un paso histórico para un elemento de su categoría. En noviembre de ese año tomó el Congreso, donde se aprobó una propuesta que le declaraba como una herencia cultural y artística del paisaje español.
En diciembre de 1997, el Tribunal Supremo se sumaba a la “amnistía” a los carteles, declarando las siluetas parte del patrimonio cultural y artístico. La sentencia dejaba claro que “ha superado su inicial sentido publicitario y se ha integrado en el paisaje y debe prevalecer, como causa que justifica su conservación, el interés estético o cultural, que la colectividad le ha atribuido”.
Vía El Mundo
