Un paseo por la aldea del Rocío
Si observar el amanecer en primavera hace al viajero reencontrarse con el origen de la vida en Doñana, las noches cálidas de verano, refrescadas por la brisa de la Rocina o laguna de Santa Olalla, no envidian las mañanas de otoño, cuando se difuminan los límites entre la marisma y la aldea del Rocío. Se viste entonces El Rocío de Doñana, como Doñana se hace Rocío en sus eternos atardeceres invernales.

Toda la aldea almonteña, con sus calles de tierra que se niegan a recibir un asfalto que arrancaría la esencia de este recogido y hermosísimo pueblo, es mirador de Doñana. Pero sin duda el observatorio más privilegiado es el paseo Marismeño, a los pies del Santuario, una cuidada senda que une el puente de la carretera de entrada desde Matalascañas, con el Puente del Rey o Puente del Ajolí. Equidistante de ambas referencias, en un recodo del paseo, a modo de península, el observatorio ornitológico Madre del Rocío, sirve también de punto de información al visitante.
En el camino al observatorio el viajero deberá pasar cerca de la Plaza del Acebuchal, que recibe su nombre de los olivos silvestres, los acebuches, que la pueblan y que los almonteños, sabedores de su valor, cuidan desde antiguo. En esta plaza existen uno de los mejores y más antiguos ejemplos de la arquitectura popular marismeña: casa bloque alargada, fachada simétrica, dos ventanas y puerta, cubierta a dos aguas con un primoroso tejido vegetal impermeable, la Castañuela, un arbusto típico de estas marismas rocieras.
Terminado el recorrido en el puente del Ajolí y, teniendo como permanente referencia la espadaña de la ermita el agradable paseo se detendrá en la Plaza de El Eucaliptal, amplio espacio que en los días de romería y a la hora del rosario convoca a todos los estandartes, los Simpecados de las hermandades rocieras filiales.
Desde el Eucaliptal accedemos a la Plaza de El Real, por el mismo camino que en Pentecostés siguen los simpecados entre el rosario y la misa, que se celebra bajo el monolito rematado por primorosa imagen en piedra de la Virgen del Rocío.
Y de allí al Pocito, antiguo surtidor que los abuelos del lugar recuerdan como una de las escasas fuentes de agua.